Sabado
3 de Octubre de 2026
SOCIEDAD
23/05/2025
Fuente: telam
Un 23 de mayo de 1909 se estrenaba “La Revolución de Mayo”, un cortometraje mudo en el que se cuentan los sucesos históricos de 1810. La vida del italiano Mario Gallo, su realizador, el auge por el cinematógrafo, y las películas de temática histórica que siguieron. En recuerdo de esa fecha, hoy es el día del Cine Nacional
Las producciones de los Lumiere -que también comercializaban su invento- llegaron al Río de la Plata de la mano de Eustaquio Pellicer, que en 1898 fundaría la revista Caras y Caretas, y el empresario teatral Francisco Pastor.
Llegaron aparatos y los insumos podían adquirirse en el local que el belga Henri Lepage tenía sobre la calle Bolívar, que trabajaba con el austrohúngaro Max Glücksmann.
El responsable había sido el italiano Mario Gallo, un músico nacido el 31 de julio de 1877 en Bisceglie, comuna de Barletta, de región de la Puglia. Había llegado al país en 1905 como maestro de coro de una compañía de operetas. Cuando sus compañeros emprendieron el regreso a su país, él se quedó.
En un comienzo, trabajaban en un pequeño estudio en la calle Cuyo 1171 y luego se mudó a otro en Cangallo 1078. Cuando decía que haría películas, nadie lo tomaba en serio y se burlaban.
Con Lipizzi se les ocurrió hacer películas sobre temas históricos. Dijeron que era la forma que tenían para mostrar su agradecimiento al país que los había cobijado. Pensaron en una sobre José de San Martín, pero se acobardaron por la magnitud del personaje. “Piú grande”, coincidieron.
La pieza comienza en una reunión en lo de Rodríguez Peña, donde se resuelve aplazar todo hasta la caída de la Junta de Sevilla; luego, los jefes militares le niegan el apoyo al virrey Cisneros, quien debe ceder y otorgar un cabildo abierto. Luego aparecen French y Berutti repartiendo cintas azules y blancas para que los patriotas se reconociesen entre ellos y Gallo las relaciona con la escarapela. Nuevamente este dúo figuran presionando para saber qué es lo que se estaba tratando.
Las películas sobre evocaciones históricas se sucedieron, ya que eran bien recibidas por los espectadores y la crítica. Cuando filmaron La batalla de Maipú, la hicieron en los terrenos donde actualmente se levanta el estadio de River Plate. Para ello, se contrataron a soldados argentinos, que se pusieron en la piel de los granaderos, mientras que residentes españoles interpretaron a los realistas. Al parecer, los extras se tomaron el papel demasiado en serio y la filmación terminó en una gigantesca trifulca. Gallo terminó en la comisaría dando explicaciones y muchos de esos noveles actores debieron ser hospitalizados. El propio Gallo corrió con todos los gastos.
Recreó el drama de Camila O’Gorman; filmó Muerte civil con el actor italiano Giovanni Grasso; Bajo el sol de la Pampa, y muchas más. Hizo también dos largometrajes, uno En buena ley, estrenada en abril de 1919 e interpretada por Silvia Parodi, Olinda Bozán y Juan Hernández, en la que invirtió 80 mil pesos, una fortuna para la época. La otra película fue En un día de gloria, estrenada en 1922.
Muchos de los amigos de antaño no estuvieron para tenderle una mano, y sobrevivía en las boleterías del cine picando entradas o recorriendo distribuidoras realizando controles, cobrando por día.
Fuente: telam