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16 de Octubre de 2026
SOCIEDAD
16/10/2026
Fuente: Netfan Servicios
Un informe de la Universidad Austral advierte sobre el impacto del cuidado familiar en la vida cotidiana, con una mayor sobrecarga entre quienes atienden a niños y adultos mayores
El cuidado de hijos, padres y otros familiares dejó de ser una tarea que transcurre puertas adentro y pasó a ordenar ?o desordenar? la vida cotidiana de miles de hogares. Entre jornadas laborales, traslados y urgencias, la sobrecarga de cuidado alcanza a cuatro de cada diez cuidadores principales, en un escenario marcado por la baja natalidad, el envejecimiento de la población y una protección laboral desigual.
Una de cada cinco personas consultadas cuida a un familiar. A partir de esa cifra, Victoria Bein, doctora en Psicología, profesora e investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, ubicó el fenómeno en una transformación demográfica que definió como "un cambio compuesto por tres cuestiones".
La baja natalidad, el aumento de la esperanza de vida y la postergación de la maternidad alteraron la organización familiar. "Tenés cada vez más personas con padres grandes e hijos chicos", explicó Bein en Infobae Al Mediodía al referirse a la llamada generación sándwich, que reúne en una misma etapa la crianza y la asistencia a familiares mayores.
La presión se vuelve más visible cuando quien necesita asistencia vive en otra casa. El informe indica que cuatro de cada diez cuidadores principales atraviesan una sobrecarga intensa, y esa situación se profundiza fuera del hogar compartido: el cuidador, resumió Bein, "está administrando dos hogares".
En esa rutina entran los viajes, las compras, la resolución de imprevistos y la atención de necesidades que no admiten postergación. "Esa carga mental existe y es permanente", afirmó la especialista, que vinculó esa exigencia sostenida con efectos sobre el bienestar emocional y físico de quienes cuidan.
La contratación de ayuda tampoco despeja necesariamente esa tensión. Según el estudio, "tener ese apoyo remunerado no necesariamente mejora la situación de la sobrecarga", señaló Bein, ya que la familia mantiene la responsabilidad de coordinar, decidir y responder ante cada urgencia.
Los servicios de acompañamiento pueden resolver tareas puntuales, pero no sustituyen el compromiso que asumen los allegados. "No necesariamente eso repercute en la salud mental y emocional de los cuidadores", sostuvo la investigadora sobre los recursos institucionales y privados disponibles.
El cuidado de menores reúne el mayor nivel de sobrecarga intensa, con 48,4%, seguido por el de padres, madres o suegros, que llega al 44%. "Ya no se trata solo de cuidar a los niños", planteó Victoria Bein al describir una demanda que se extiende a distintas generaciones dentro de una misma familia.
La distribución de esas tareas mantiene una diferencia de género: el 21,7% de las mujeres cuida a un familiar, frente al 16,9% de los varones. Además, el 60,6% de las cuidadoras ocupa el rol principal. "Las mujeres entramos al mercado laboral, pero sin redistribución del cuidado", afirmó Bein.
Esa desigualdad aparece también en los proyectos personales. Más del 40% de las mujeres que son cuidadoras principales dijo tener dificultades para desarrollarlos, mientras que entre los varones que cumplen esa función la proporción es del 10%. "Hay que empezar a pensar desde otro lugar", sostuvo la especialista.
La discusión alcanza, además, las decisiones vinculadas con la maternidad y la paternidad. "Más del 50% de las mujeres que no tiene hijos y no quiere tenerlos" identifica esa elección como parte de su proyecto de vida, indicó Bein, al relacionar las expectativas de cuidado con las trayectorias personales.
El grupo de entre 35 y 49 años concentra el mayor porcentaje de personas cuidadoras, con 34,1%. Son años en los que suelen coincidir la crianza de hijos con el envejecimiento de los padres: "Tenés cada vez más personas con padres grandes e hijos chicos", reiteró la investigadora al volver sobre esa superposición de responsabilidades.
En el trabajo, las diferencias se trasladan al acceso a licencias. El 53,7% de quienes tienen empleo formal cuenta con ese recurso para tareas de cuidado, pero la proporción cae al 17% entre trabajadores informales. "Tenemos una realidad de mucha carga de cuidado, con pocos derechos laborales", advirtió Bein.
La distancia es aún mayor entre quienes trabajan por cuenta propia: apenas el 9,5% accede a licencias. Frente a ese panorama, la especialista propuso que la protección alcance también a quienes quedan por fuera del empleo registrado: "Incluso dentro del sector informal vos tengas algo que te ampare y te permita cuidar".
Para la investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, las normas deben acompañar una estructura laboral y familiar que ya cambió. "Si tu mapa está cambiando, tenés que empezar a repensar cómo legislás esto", señaló al referirse a las políticas públicas.
La licencia por paternidad expone otra de las brechas del sistema. "Los padres tienen dos días de licencia por paternidad", afirmó Bein sobre el régimen vigente para los trabajadores alcanzados, y agregó que más del 40% desconoce que cuenta con ese derecho.
Al buscar referencias, Bein mencionó los esquemas de los países nórdicos, donde las licencias familiares se extienden y pueden repartirse. "Suecia tiene un año de licencia repartida", señaló sobre un modelo que permite a las familias distribuir el permiso entre padre y madre.
Esa participación más equilibrada de los varones podría incidir también en las desigualdades laborales que enfrentan las mujeres. "Ese temor de la licencia vale igual para el varón que para la mujer", sostuvo la especialista, en alusión a los criterios que intervienen en las decisiones de contratación.
El relevamiento muestra, al mismo tiempo, que el vínculo afectivo sigue siendo central: el 96% de los cuidadores considera gratificante la tarea y la realiza con afecto hacia la persona asistida. "Esto no se trata de no quiero cuidar", aclaró Bein.
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