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13 de Octubre de 2026
ECONOMIA
13/10/2026
Fuente: Netfan Servicios
En 1910 encargaron su construcción desde la Argentina a Inglaterra. Luego lo carrozaron para que sea una limousine para un particular viaje de estudios. A último momento no fue embarcado y así se conserva en el garage familiar en el país
El pasado fin de semana, un auto de principios del siglo XX se convirtió en noticia por una historia desconocida que protagonizó hace 114 años, en uno de los acontecimientos más resonantes a nivel mundial como fue el hundimiento del Titanic.
El auto es un Rolls-Royce de 1910 que pertenece, desde el primer día, a la familia Pereyra Iraola y se conserva en perfecto estado y funcionamiento. Debía embarcar en el famoso transatlántico que pretendía unir Southampton con New York en abril de 1912, luego de haber trasladado a gran parte de los integrantes de esa familia paticia argentina en un viaje cultural por todo Europa.
La historia se conoció en el marco de la presentación del vehículo en Autoclásica, la tradicional exposición de autos que anualmente se lleva a cabo en los jardines del hipódromo de San Isidro, en la que, como corolario, fue galardonado con el premio "Best of Show".
Pero más allá de ser noticia por haberse salvado de hundirse en las profundidades del Océano Atlántico Norte aquel 15 de abril de 1912, este Rolls-Royce Silver Ghost de 1910 tiene detrás una historia apasionante para los amantes de los autos, y especialmente de los clásicos.
Todo comenzó con la inquietud de Laura, una de las hijas del matrimonio de Leonardo Higinio Pereyra Iraola y Antonia María Iraola, quien planificó un viaje de estudios para sus 5 sobrinos por todo Europa, para lo cual en 1910 encargaron directamente a Rolls-Royce un vehículo que pudieran adaptar para la travesía.
Así fue como una vez terminada la fabricación del vehículo, ya a comienzos de 1911, personal de la familia viajó a Inglaterra para trasladar el vehículo a Francia, a las instalaciones de Rothschild & Son, uno de los fabricantes de carruajes más prestigiosos de la época, para que adaptara a ese Rolls-Royce con una carrocería tipo limousine que cumpliera la necesidad de los Pereyra Iraola para su viaje.
El vehículo estuvo listo ese mismo año, y el viaje comenzó desde París hacia Moscú el 14 de mayo de ese año. Les demandaría casi un año, hasta terminar en Inglaterra nuevamente, donde nació el automóvil original.
En el interior viajaba Laura Pereyra Iraola, sus cinco sobrinos, la niñera y el chofer, y en un auto de apoyo que los acompañaba iban cuatro personas incluida la institutriz, que tenía la misión de darles clases para que no perdieran su año escolar, y para que comprendieran el valor histórico de cada escala del viaje.
Al terminar el viaje, el auto iba a embarcarse rumbo a América en el Titanic. Pero cuando llegó el momento de partir, una de las hermanas, que estaba embarazada y en un estado avanzado de gestación, recibió la recomendación médica de no viajar. Así, el auto y la familia se quedaron en Inglaterra y se salvaron de una de las mayores tragedias de la historia marítima contemporánea.
Algunos meses después, el Rolls-Royce Silver Ghost llegó a Buenos Aires y quedó en la familia como una joya que ya no era solo mecánica sino también simbólica de un viaje y una experiencia invalorable para la descendencia de la familia.
El vehículo se utilizó durante muchos años para los traslados de la familia. Estaba guardado en la calle Esmeralda, a la vuelta del Palacio Anchorena, que era la residencia Pereyra Iraola. Cerca de 1920, ingenieros de Rolls-Royce viajaron a la Argentina para hacerle la instalación eléctrica, ya que el auto no la tenía. La propia marca realizó ese trabajo en Buenos Aires.
El auto pasó por cuatro generaciones hasta el día de hoy. "Se usó mucho. En las décadas de 1960 y 1970 participó en algunos rallies, entre ellos uno a Las Flores. Además circulaba dentro de la estancia Abril y ocasionalmente viajaba a Buenos Aires, como cualquier auto clásico que se saca a la calle de vez en cuando", cuentan los bisnietos de la familia.
"El auto siempre estuvo en movimiento. Para nosotros representa una historia familiar viva. Es muy impactante sentarse en los asientos traseros y pensar que, tres generaciones atrás, mi familia recorrió Europa allí. Tiene una energía muy especial", describen hoy con emoción.
La familia cuenta que el auto siempre fue de su propiedad, desde el primer día, y conservan toda la documentación original que incluyen los registros de compra y tiene el kilometraje real de uso.
"Recibimos ofertas de compra durante toda la vida; mi padre recibió muchas cartas con propuestas, pero siempre las rechazó. Nada podía reemplazar el valor familiar de ese auto", relató Jorge Pereyra Iraola, ahijado de "la tía Laura", como la mencionan al recordar tan curiosa historia del Rolls-Royce que sobrevivió al Titanic.
Fuente: Netfan Servicios