En mi pasión de rastreador de huellas perdidas y de arriero de sueños, me enteré que apenas habÃa pasado medio siglo en que el Sevillano fundara a la de la Nueva AndalucÃa, cuando te largaste aguas arriba del SuquÃa, atraÃda por el añil de las montañas, a ver a quién podÃas evangelizar, para hablarles del amor de tu Hijo. Llegaste a un lugar en dónde un arroyito se entremezclaba con el rÃo, y perdido en un montecito de algarrobos, quebrachos y mistoles, Don Luis de Tejeda y Guzmán tenÃa su asiento, ahà nomas lo inspiraste en el escribir sus mejores poesÃas. Años después al Gran General, lo convenciste de que cruzara los Andes, que con tu protección contaba. No conforme con tu tarea evangelizadora, el arrullo del Saldán te sirvió de invitación para que lo remontaras, y te encontraste a poco andar con un caserÃo que tu olfato te decÃa que con el tiempo algo grande éso serÃa, y sin más con el Supaj-ñuñu de fondo que te daba seguridad, cómoda te instalaste. Con los años las pocas casas se hicieron Pueblo y éste Ciudad, pero conservando la misma alma, y Vos desde lo alto de tu Casa Grande, consolándolo en sus a veces lágrimas y regocijándote de a sus veces fiestas. Una vez al año salis de misión y a lomo del tordillo negro de Mereco, ése gauchazo de rostro rudo y corazón tierno que más de una vez vi llorar de emoción al sentirte en sus brazos, te internas sierra adentro, y en ésa semana a los: "Dios te salve, de muchas voces de piadosos serranos, el eco le responde, Santa MarÃa Madre de Dios", inundando de fe valles y serranÃas, y en la misma monta, siete dÃas después volves al lugar que tanto amas, para seguir protegiéndonos trescientos sesenta y cinco dÃas más. Feliz cumpleaños Mamá del Carmen. Tu Almirante de Tempestades, que en Vos confÃa sus tormentas, para que la aurora sea realidad