15 de diciembre de 2024
Una travesía increíble y un nivel tan superlativo como inesperado: a medio siglo del primer gran título de Guillermo Vilas
Hace 50 años, Willy se coronaba en el Masters al imponerse sobre el talentoso rumano Ilie Nastarse
Ese torneo, reservado al cierre de la temporada solo para los ocho mejores, tenÃa por primera vez una presencia argentina, en la que era su quinta edición. El lugar elegido para la cita, en la lejana Australia, tenÃa una gran tradición tenÃstica, pero configuraba una verdadera travesÃa para llegar desde aquà hace 50 años. Quien acompañó a Guillermo en aquella expedición fue Juan Carlos Belfonte, su histórico preparador fÃsico y también durante varias décadas, del equipo de Copa Davis. El querido profe nos dejó en 2020. Uno tuvo la suerte de conocerlo y entrevistarlo sobre aquel viaje inolvidable.
Y asà lo rememoró: “La planificación la hicimos sobre la marcha y sin demasiados datos concretos. Viajé a pedido de Guillermo, tal como me lo comunicó Oscar Furlong, que en ese momento tenÃa a cargo la parte profesional de la Asociación Argentina de Tenis. Él mismo fue el que hizo la gestión ante la SecretarÃa de Deportes para conseguir los pasajes. Fue una verdadera aventura, porque hay que situarse en lo que significaba irse al otro lado del mundo en 1974. Era una experiencia hermosa, pero en la que sabÃas que, prácticamente, perdÃas todo contacto con tu familiaâ€.La temporada ‘74 fue la de la gran explosión de Vilas. Luego de una primera parte con resultados irregulares, comenzaron a llegar los tÃtulos como una catarata: Gstaad, Hilversum, Louisville, Toronto, Teherán y Buenos Aires. Sus participaciones en el circuito empezaron a llamar la atención de los medios, sobre todo de los diarios, que ampliaron el espacio que le dedicaban al tenis. Pero también en la gente. Ese deporte que parecÃa exclusivo de unos pocos, se fue masificando. Argentina también fue productor de indumentaria, pelotas y raquetas. Los clubes vieron con asombro como se incrementaba la demanda para utilizar sus canchas. Todo ese aluvión, tuvo origen en ese muchacho de vincha y pelo largo, que introdujo, game, set, ace, smash y volea, en el vocabulario de muchos argentinos.Guillermo se consagró campeón del Abierto de la República en el Buenos Aires Lawn Tennis por segundo año consecutivo el domingo 24 de noviembre, venciendo en la final al español Manuel Orantes en cuatro sets. Dos dÃas más tarde, a las 10:30 de la mañana, se subió al avión con destino a Australia junto a Belfonte, el propio Orantes, también clasificado, y su esposa Virginia. Era el inicio de un periplo que tenÃa pautadas escalas en Lima, Papeete y SÃdney, para finalmente arribar a Melbourne.
Todo se vivÃa con gran curiosidad en el grupo, como lo evocó Belfonte: “Una de las escalas antes de arribar a destino fue en Papeete, un lugar bellÃsimo, donde ellos tres disfrutaban de la playa y se reÃan de mÃ, porque caminaba sin parar por la arena, pensando en como diagramar el entrenamiento. HabÃa muchas cosas a tener en cuenta que me tenÃan ansioso, como el hecho de estar en un lugar con el horario diametralmente cambiado. SuponÃa que no serÃa fácil. Apenas llegamos le dije a Guillermo que Ãbamos a hacer tres sesiones de entrenamiento por dÃa, para ayudarlo a liberar las tensiones que tenÃa, aprovechando que se podÃa ir adaptando tranquilo, ya que llegamos con mucha antelaciónâ€.Una de sus principales preocupaciones era el saque, herramienta fundamental para actuar sobre una cancha tan rápida como lo es el césped. Belfonte supo cómo ayudarlo: “Yo era amigo de Neale Fraser, uno de los mejores jugadores australianos de todos los tiempos, gran capitán de Copa Davis y eximio conocedor de nuestro deporte. Un dÃa fuimos a su casa, donde tenÃa instalada una cancha y, tras verlo entrenar a Guillermo, me confesó: ‘Si saca asÃ, no va a tener ningún problema’, a lo que le respondà entre risas: ‘Ahora el tema es convencerlo de eso a él’â€.
De los ocho participantes, Vilas era el que menos experiencia tenÃa en jugar sobre césped. El sorteo determinó que integrara el grupo azul junto al local John Newcombe, el neozelandés Onny Parun y alguien que serÃa un eterno compañero de ruta: el sueco Bjorn Borg. En la otra zona, denominada blanca, estaban el rumano Ilie Nastase, el mexicano Raúl RamÃrez, el español Manuel Orantes y el estadounidense Harold Solomon. El sistema era igual que en la actualidad: todos conta todos en cada zona y los dos mejores, a las semifinales.Apenas 24 horas más tarde, debÃa ingresar nuevamente a la cancha para medirse ante Parun, otro hombre nacido y criado en canchas de césped. Fue una batalla agotadora, extensa, y con una alta temperatura. Vilas se quedó con el primer parcial por 7-5, pero cedió el segundo 6-3. Eran tiempos donde el último set no tenÃa tie break, habÃa que tener dos games de diferencia para adjudicárselo. La paridad era extrema. El neozelandés parecÃa estar más entero desde el aspecto fÃsico, al tiempo que Guillermo sufrió algunos mareos por el calor. Con el score igualado en 8, Vilas hizo un gesto a Belfonte, de querer abandonar. El profe recordaba a la perfección su respuesta: “Le dije: si abandonás te mato, o algo asà (risas). Era importante poder sobreponerse a las adversidades y llegar en ganador. Por suerte, me hizo caso y gracias a su eterna tenacidad, se quedó con el partidoâ€. Fue por 11-9 y con eso selló la clasificación, aunque aún debÃa enfrentar a Borg, a quien superó 7-5 6-1, para avanzar invicto a la semifinal.
Allà lo esperaba Raúl RamÃrez. Era un jugador veloz, de gran movilidad, quien llegarÃa a ser número 1 del ranking mundial de dobles. Pero su estilo le calzaba a la perfección a Vilas, quien, a lo largo de los cruces en sus carreras, terminarÃa con récord positivo de 11-1. Aquella semifinal del Masters, pautada como la final a cinco sets, no fue una excepción. Pese a perder el primer parcial por 6-4, Guillermo no se desenfocó del plan que habÃa trazado para ganar los siguientes tres con claridad: 6-3, 6-2 y 7-5. Pese a la diferencia horaria y las limitaciones en comunicaciones que habÃa hace medio siglo, los triunfos resonaban por aquÃ, ganando las portadas de los principales diarios.Vilas se quedó con los dos primeros sets con la autoridad y seguridad que habÃa mostrado en toda la semana. El inicial fue parejo y se definió el tie break, mientras que en el segundo no hubo dudas y se lo llevó por 6-2 en 26 minutos. Pero nada podÃa estar definido con un hombre como Nastase enfrente. No solo por su calidad, sino porque sabÃa como sacar provecho de distintas situaciones para desconcentrar al rival. Y no dudó en hacerlo, hablando, haciendo chistes con el público y discutiendo entre risas algunos puntos con los jueces. El combo empezó a darle resultado. Porque además era un tenista de excepción. El tercer y cuarto set quedaron de su lado, ambos por 6-3 y una enorme sombra de duda se posó sobre los 7.000 espectadores que estaban en el estadio Koyoong.
Era un momento clave. Inexperiencia y cansancio podÃan juntarse para un desenlace no deseado. El profe Belfonte se anticipó al momento: “Sabiendo que iba a ser una jornada muy calurosa, tomé la decisión de colocarle dentro de la funda de una de sus raquetas, una pastilla sin nada adentro, envuelta en un papel. Antes de ingresar a la cancha le dije: ‘Si te sentÃs cansado, lo tomás con abundante agua’. No recuerdo en que momento de la final lo hizo, pero en ese momento me miró e hizo el gesto que estaba todo bien. Sin dudas, fue el efecto de la mente, tan importante en este deporteâ€La trashumante vida del tenista no le dio tiempo a Vilas para demasiados festejos. A las pocas horas inició un nuevo viaje, rumbo a Sudamérica, pero no para aterrizar en su paÃs. Cinco dÃas más tarde de su consagración en Melbourne, arrancaba una serie de Copa Davis ante Brasil en Sao Paulo. Arribó el miércoles, ante una gran expectativa del público para poder ver al campeón del Masters. Pese a ganar sus dos singles, Argentina cayó por 3-2. Ese viernes 20, en horas de la noche, pudo verse por la pantalla de Canal 7 la final ante Nastase, concitando gran atención, aunque hubiese transcurrido casi una semana. Visto desde la óptica actual, parece algo irrisorio, pero medio siglo atrás, era la manera de poder tomar contacto con los grandes eventos. Sobremanera, si estos se desarrollaban del otro lado del mundo y con un deporte que aún no era tan popular.
HabÃa llegado el tiempo del regreso a casa. Mucha gente, entre periodistas, amigos, socios y curiosos, lo esperaban en el Buenos Aires Lawn Tennis, donde fue recibido como un héroe y paseando en andas. La semilla habÃa caÃdo en un terreno fértil. Ya nada serÃa igual. El tenis rompió sus compuertas y se convirtió en un torrente incontrolable, que fue inundando cada rincón del paÃs. Desde los más selectos clubes con las mejores raquetas, hasta los chicos con paletas de madera en las calles, se sumaron a esa ola. Luego llegaron Clerc, Sabatini, Jaite, Mancini, la Legión y Del Potro, entre otros. Pero todo comenzó allÃ. Gracias Guillermo. El agradecimiento cumple 50 años, pero será eterno.