Martes
25 de Agosto de 2026
20 de abril de 2025
Fue uno de los pioneros en el rol de arquero-jugador y causó una revolución hasta con su forma de vestir. Le adosó un estilo osado a la hora de declarar, que tomó de uno de sus ídolos: Cassius Clay. Fue Gatti hasta el último hálito de su vida
Lo llevamos a Gatti a la redacción. La pregunta era cómo conseguÃamos billetes de dólares para que Gatti se sentara en el hall central del tercer piso de la Editorial Atlántida, rodeado de puertas, vitrinas y trofeos. En el medio, él, sentado en ese ámbito y con dólares lloviendo. Es decir, tenÃamos que arrojar dólares al aire y cuando iban cayendo sobre la humanidad del Loco Gatti, sentado en posición de yoga, sacar la foto del joven jugador sonriendo para poner en la tapa: “Hugo Gatti: desconocido que vale millones, signo de nueva época en nuestro fútbolâ€.
“No tomé a nadie como ejemploâ€, argumentaba él cuando le preguntaban por su singular estilo. Hugo Orlando Gatti no llegó a Primera División solo por sus condiciones, sino también porque se lo impuso. El arquero de Atlanta habÃa sido uno de los pioneros; no el uno, el dos, dirÃa. El pionero número dos, pero el más importante en el nuevo orden del arco. El “nuevo orden del arco†era el arquero-jugador. Arquero que podÃa jugar con los pies. Año 1962. Club Atlético Atlanta. Director técnico: Osvaldo ZubeldÃa. Capitán del equipo: Carlos Griguol; técnico dentro del campo. Errea era el arquero y Atlanta lo vendió a Boca Juniors. De manera que el joven Gatti, que venÃa de Carlos Tejedor, y en los entrenamientos, en las duchas, en el vestuario, en las tertulias y en las pocas conversaciones de concentraciones leves, casi inexistentes, decÃa menos mal que yo vine a salvarlos a ustedes porque soy el mejor arquero del mundo.
A pesar de que están en la nómina de arqueros, eran jugadores. Carrizo tenÃa un estilo y Gatti era más osado aún que él. Primero: chau a las rodilleras. Segundo: unos guantes enterizos que quitaban sensibilidad a los dedos. Tercero: una vincha en el fútbol argentino. Cuarto: colores revolucionarios en su indumentaria. Mientras, todos los arqueros, menos Carrizo, jugaban con la clásica camiseta color amarilla y pantalones negros, para no confundirse con el resto de los protagonistas, Carrizo empezó a ponerse otros colores. Y éste dijo “si Carrizo usa esos colores –el celeste o el verde que después recogió Fillol–, yo me pongo cualquier colorâ€, y usaba camisetas fosforescentes, que en Atlanta generaban una sonrisa y en River una preocupación.
¿A quién traemos para cuando se retire Amadeo?. No para cuando Amadeo fuera desplazado porque Amadeo habÃa nacido para jugar siempre. Llega el joven Gatti al Club Atlético River Plate y por ser jugador de River es protagonista de la cotidianidad informativa. Se podÃan ver los entrenamientos de los equipos, de manera que era consultado permanentemente por los cronistas que iban a ver entrenamientos, sobre todo en vÃsperas de grandes partidos, y ni hablar de los enfrentamientos frente a Boca Juniors. Mientras todos los jugadores decÃan “la verdad que nos gustarÃa ganar el clásicoâ€, y otros decÃan “nuestra hinchada que nos apoya merece una satisfacciónâ€, Gatti decÃa “les vamos a hacer cuatro golesâ€. Para la prensa era como agua para el chocolate.Clay declaraba. Y Gatti repetÃa y trasladaba al fútbol lo que Clay declaraba respecto de ir corriendo el lÃmite del fútbol para declarar sobre otro jugador, sobre otro equipo. Asà como Cassius Clay decÃa, por ejemplo, que Joe Frazier no le llegaba ni a los talones; Gatti decÃa que Carrizo era el pasado; y también decÃa que Roma ya no estaba para atajar porque era un arquero antiguo. VivÃa provocando a los colegas, que en el mundo del fútbol era un escozor.
Cuando habÃa tertulias futbolÃsticas se convertÃan en ateneos. “Apareció un jugador que mirá lo que dice y lo compró Riverâ€. Ya habÃa gente de River que no estaba de acuerdo con estas declaraciones con las que Gatti representaba a una señera institución. TenÃa las piernas más delgadas que cualquier otro arquero que hubo existido o existirá. TenÃa brazos sin bÃceps marcados. TenÃa un pectoral muy angosto para lo que era la fisonomÃa de los arqueros de la época, grandotes, gordotes, altos, armados. En Atlanta seguramente se habrÃa advertido porque fue protagonista de grandes partidos, pero con River se notaba mucho más. Y no habÃa televisión.Me ocupé de atender a Cassius Clay porque era el cronista de boxeo. HabÃa cubierto algunas peleas de Cassius en Estados Unidos y también en otros paÃses, por ejemplo en Manila y en el Congo, cuando recuperó la corona. TenÃamos buena relación. Una de las obligaciones de agenda para homenajear los 60 años de El Gráfico y aprovechar la presencia de estos héroes deportivos en el paÃs, era la participación de Cassius Clay, en este caso, en el programa de Mónica Cahen D’Anvers en Canal 13, un domingo por la noche. Yo tenÃa que ocuparme. Estaba alojado en el Hotel Sheraton de Retiro junto con Cassius Clay. DebÃa llevarlo al canal y pasar a buscar a Tito Lectoure. Allà estarÃa Mónica. Estábamos ahà en el piso, televisión en vivo, canal abierto, y tenÃan a Cassius Clay en la Argentina para una entrevista de una hora en televisión.
En eso hay un tumulto en el piso, que era una cosa totalmente desacostumbrada. No entraba nadie. Aquello era un ámbito cuasi religioso. Era un templo con cámaras y luces, maquilladoras y peinadoras, vestuaristas y asistentes. Cassius Clay, sentado; Tito Lectoure, Roberto Maidana y Mónica, de pie. Y cuando estamos por empezar el programa, faltaban uno o dos minutos, aquel tumulto. ¿Quién era? El Loco Gatti, que traÃa a su hijo de un año y piquito en brazos: Lucas Cassius Gatti. Entonces Mónica dijo ‘ya que está acá, que participe de la nota’. No habÃa telefonÃa celular para sacarse una foto, pero aquel tremendo jugador que ya actuaba en la selección argentina de fútbol después de su trayectoria en River, Gimnasia, Unión y Boca Juniors, habÃa ido a conocer a su Ãdolo y por quien le habÃa puesto el nombre de Cassius a su hijo, que luego resultó ser jugador de fútbol. Después del programa, me pidió que le tradujera: “Decile que yo soy aquà lo que él es en el boxeo del mundoâ€. La autoestima de Gatti era una cosa impresionante. Nunca supe si la autoestima partÃa de la seguridad o de la inseguridad que habÃa en toda la representatividad de aquellas declaraciones con las que se comprometÃa cotidianamente.Después tiene los grandes hitos y algunas declaraciones que naturalmente se eternizarán. Tuvo la mala idea de, en vÃsperas de un partido que jugaba contra Argentinos Juniors, decir respecto de Maradona que era un gordito. Ese “gordito†se ensañó. Diego no querÃa hacer el gol normalito, un remate con tres dedos, un revés de pie con el efecto, un empeine completo para un pelotazo, un chanfle. No, querÃa hacerle goles, si era posible, de túnel y de sombrero. Y le hizo un gol histórico y Gatti respondÃa a esas cosas de una manera muy particular.
Tuvo declaraciones también espontáneas, pero desafortunadas. Eran cosas muy osadas. Además siempre iba en contra de la corriente. Gatti necesitaba alimentar su autoestima, que estaba elevadÃsima, pero que siempre le daba más para arriba, criticando, que en el mundo del fútbol era todo una osadÃa. Criticaba a otros arqueros, criticaba a Maradona y en el ’77 le tocó la selección nacional de fútbol. Lo convocó el Flaco Menotti y se mandaron una gira, respondió fenomenalmente, pero ahà habÃa un parteaguas que era: “¿Vos querés jugar la Copa del Mundo del 78 en Argentina? ¿O querés jugar la Copa Libertadores con tu club?“, preguntaba con toda franqueza Menotti a los jugadores que estaban en duda porque no todos los jugadores acudÃan al llamado de la Selección. Los de River renunciaron, menos Passarella; y después de última se llamó a Fillol, cuando ya la cosa claramente era inminente.Y Gatti dijo Boca, me quedo con Boca, jueguen ustedes el Mundial. Se quedó con Boca y ganó la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental contra el Borussia. Una vez que pasó la consagración, quiso volver a la Selección. Fillol también quiso volver. El Flaco Menotti aceptó una reunión con Fillol, que hubo de haberse llevado a cabo en su casa, a instancias de una producción de la revista de la época, pero no admitió lo de Gatti porque Fillol siempre fue silenciosamente respetuoso con la Selección y los objetivos para el Mundial. En cambio, Gatti dijo cómo vas a comparar a Boca con la Selección. Es decir, tenÃa esa cosa, de la que nunca se arrepentÃa, la reafirmaba. Iba a cualquier programa. Para el ambiente del fútbol, desde su debut hasta su retirada y sobre todo después, cuando siguió como comunicador en España, este enorme arquero, este personaje que cambió un poco la lógica y el humor de los interesados en la información deportiva y de los hinchas de los clubes en los que actuó, fundamentalmente, no será recordado por actitudes personales, porque no se le conocen actitudes personales propias de jugadores de fútbol –solidaridades, adhesiones, etcétera.–. Antes bien se lo conoce por su pasión por el fútbol y por su frustración de no haber sido “nueveâ€; Llama la atención que haya permanecido en un hospital público, no porque no sea la excelencia, sino porque es naturalmente el lugar de recurrencia emergente cuando, como a él, le ocurre un accidente tan propio de la edad: una caÃda. Una caÃda es la rotura del fémur y el reemplazo de una cadera. Se va al hospital. Una ambulancia, un coche particular, un taxi, te lleva a una guardia de hospital. Pero cuando el diagnóstico es poner una prótesis en la cadera, generalmente se apela a algún servicio de jerarquÃa de sanatorio, que es donde una persona con la trayectoria y la vida del Loco Gatti generalmente acude. Llama la atención que haya permanecido allà y llama la atención que no nos hubiéramos enterado antes que estaba internado allà y que estaba en una situación crÃtica. Pero a la vez también forma parte de la coherencia de su vida hasta el hálito final. Asà de austero era y asà priorizaba todas las cuestiones vinculadas con lo que comúnmente nosotros llamamos la vida. El gasto para una vida mejor. En los conceptos de Gatti esto no existÃa. Él tenÃa una autoestima tan elevada que entendÃa que a los lugares que pudiere abrevar, tenÃa que ser invitado. Esto siempre fue marcado como una cosa rara, una rara avis en el universo del fútbol.Si hubiera que hacer una sÃntesis, yo dirÃa que el Loco le quitó máscara de drama a las tribunas del fútbol, sobre todo de los equipos en los que jugó. Su principal virtud fue, como arquero, que generó la reafirmación de un nuevo orden para el golero; pero que también transmitÃa una enorme confianza en sus compañeros. Su único involucramiento siempre fue el fútbol y no manejó la autoestima como un hecho provocado, sino que estaba dentro de él. Polémico, a veces provocativo, generalmente autorreferente. Empezaba a hablar de cualquier tema y terminaba siempre poniendo ejemplos respecto de lo que él hubiera hecho o lo que él hizo. Pero, naturalmente, reconociendo cualquier error de forma de vida, no de comportamiento humano. Gatti marcó una época en el fútbol argentino con sus burlas contra Carrizo, sus sarcasmos contra Roma, su actitud burlona frente a los arqueros convencionales. Gatti marcó una época; y la época que marcó Gatti fue una en la que justamente apareció el color y la sonrisa en las tribunas del fútbol argentino. El color y la sonrisa.Y será Gatti para siempre...