2 de mayo de 2025
Cómo fue el papado de Benedicto XVI y cuánto duró
Joseph Ratzinger fue elegido en 2005 tras la muerte de Juan Pablo II y dejó el cargo en 2013, en una decisión sin precedentes en siglos y que transformó para siempre la figura del liderazgo en la Iglesia Católica
En medio de la crisis global por abusos sexuales dentro de la Iglesia, Benedicto XVI abordó el tema públicamente en varias oportunidades.
En julio de 2008, durante una visita a Australia, se reunió con vÃctimas de abuso clerical y, durante una misa, pidió perdón por su sufrimiento.Otro episodio que marcó su papado fue el llamado escándalo Vatileaks, que estalló en 2012. Su mayordomo personal fue declarado culpable de haber sustraÃdo y filtrado documentos privados del pontÃfice a la prensa, dejando al descubierto tensiones internas, luchas de poder y corrupción en la curia romana.
Durante su mandato, también firmó dos encÃclicas importantes: Deus Caritas Est (“Dios es amorâ€, 2005) y Caritas in Veritate (“Caridad en la verdadâ€, 2009), en las que subrayó la necesidad de un orden económico que responda al bien común.Benedicto XVI formalizó su renuncia el 11 de febrero de 2013, en una decisión que tomó por sorpresa al Vaticano y a la comunidad católica mundial.Seewald explicó que Ratzinger no quiso generar “un escándalo en vida sobre las circunstancias más cercanas de su dimisión, que estaba justificada por su agotamientoâ€.
El impacto institucional fue considerable. Su decisión creó la figura contemporánea del “papa eméritoâ€, un rol sin regulación precisa hasta ese momento.
Ratzinger optó por seguir vistiendo de blanco, permanecer en el Vaticano y conservar su nombre como pontÃfice. Durante años, esta situación provocó confusión simbólica, especialmente entre los sectores más conservadores, que lo consideraban un referente alternativo a su sucesor.Dentro del Vaticano, Benedicto XVI es recordado como un intelectual riguroso, autor de una obra teológica influyente. El Papa Francisco lo describió como una persona noble y amable.
Durante su retiro, evitó declaraciones polÃticas y se mantuvo como figura simbólica, aunque su presencia prolongada generó incomodidad en algunos sectores eclesiásticos.Sus decisiones, como la apertura litúrgica a la misa tridentina y la designación de obispos conservadores, consolidaron ese perfil.
El contraste con el funeral de Juan Pablo II en 2005 fue notorio. Tras la muerte de Benedicto, la Plaza de San Pedro no se colmó de fieles ni hubo señales de duelo multitudinario.
